La Coctelera

Francisco Gordal

Categoría: Gordal y la comida

17 Septiembre 2008

Una cena como Dios manda.

Marcelo, Abadía y por supuesto, Fran, estaban a punto de salir, y decidieron cenar juntos antes.

-Vamos a un chino –dijo Marcelo.

Fran estuvo en seguida de acuerdo, pero Abadía era una de esas personas que tienen una reticencia enorme a los restaurantes chinos.

-No quiero comer cortezas con mermelada, como decía Torrente.

-Si tu modelo a seguir es Torrente, mal andamos –replicó Abadía.

A Fran siempre le repateaban esas personas tan cerradas en gastronomía, especialmente porque los chinos están muy consolidados. Pero tiró por una vía intermedia:

-Si se te ocurre un sitio mejor, dilo. ¿Por qué va a estar jodido sin necesidad?

-Al lado de casa de Julián hay un bar de unos asturianos. Vamos para allá.

Elección típica de esa gente cerrada. Sin embargo, Fran si estaba dispuesto a cambiar de menú.

-Bueno –dijo risueño Abadía-, os he pedido croquetas, bravas y chopitos.

No estaba mal. Unas croquetas bien hechas no tenían nada que envidiar a unos rollitos de primavera. Pero aquellas no eran unas buenas croquetas.

-Joder, están congeladas –dijo Marcelo.

-Y tiran a rancias –añadió Fran.

-Siempre será mejor que uno de esos platos con caramelo –decía Abadía, al que sin embargo se le notaba su disgusto.

Pero no hubo tiempo para muchas quejas, pronto tuvieron el plato de chopitos ante ellos y...

-Oye, estos chopitos no están buenos

-¡Qué manía con machacar todo lo de aquí! –dijo Abadía.

Y al probar las bravas él mismo dijo:

-Sí, estaban rancias. Pero nos hemos evitado esos platos pastosos y repugnantes de los chinos.

-¡Mandan cojones! –dijo Fran-. ¿Tú has visto la salsa que recubría estas papas? ¡No es que fuese el recopetín!

-Pero era comida como Dios manda aunque mal hecha –insistió Abadía.

-Mal hecha es mala –sentenció Marcelo-. No vuelvo a comer contigo.

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1 Septiembre 2008

El restaurante que no quería vender.

Volvía nuestro protagonista de la Fnac, pensando en lo que cenaría al llegar a casa. A las 9:00 p.m., Fran solía comenzar a notar el gusanillo en el estómago. Pensó lo primero en pasta, pero sabía que no la había en casa. Doña Marta había traído del mercado unos cuantos paquetes cuyo contenido Fran no había mirado. Al pasar ante el Museo del Jamón tuvo un pensamiento: probablemente fiambres. Y pensaba en una crecida ración de jamón con tomate y pimientos. Pero no. No habría esa cena. Doña Marta solía traer algo más consistente. Y entonces pensó en la pollería. Al salir de casa, había visto una docena de huevos, lo que hacía pensar que los paquetes antes nombrados podían contener un pollo troceado. O filetes de pollo. No estaba mal, un filete a la plancha con ajo y perejil. Por supuesto con una guarnición de verduras. Y en un anuncio de la calle del supermercado del Corte Ingles vio una merluza con muy buena pinta. Sí, eso era lo que apetecería de cenar. Un buen pescado rebozado con limón. Y Fran casi lo paladeaba in haberlo probado. Pero justo en ese momento pasó por un local muy curioso cerca de la Puerta del Sol. Fran se refería a él como el restaurante que no quería vender, porque siempre tenían expuesto en un escaparate que daba a la calle un pescado con una pinta horrible: Calamares a los que se les caía ya la piel, salmón mustio sin color y con los bordes acartonados, truchas que soltaban un líquido desagradable... Fran no comprendía como un restaurante del primer mundo en el siglo XXI exhibía semejante producto. Y claro, su idea cambió diametralmente. Ya no quería pescado. De hecho aquel escaparate infernal le quitó las ganas de cenar.

Tags: comida

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18 Agosto 2008

Una sensación molesta.

Pues las fiestas de San Cayetano llegaron, y Fran y Juan, con poco más que hacer en un Madrid vacío decidieron ir a la feria que se instalaba con tal motivo en Lavapiés. De entrada llamaba la atención la cantidad de puestos de comida que había. Fran no podía evitar quedarse casi hipnotizado ante esas costillas adobadas, morcillas, pan payés... y por supuesto la "golosina" típica de Madrid: las gallinejas y entresijos. Juan lo vio.

-Venga –le dijo-, lo estás deseando pídete un buen bocata y un mini de cerveza.

-Ya no tengo la capacidad de jalar que tenía hace un año.

-No te hagas rogar...

Así, en un abrir y cerrar de ojos, los dos hermanos tenían una fuente de calamares fritos y otra de pan payés entre medias.

-Entra bien, ¿eh?

Fran no contestó tragando el último pedazo de pan.

-Sí, pero a mi me gustaría un bocata de gallinejas.

-Píllalo, ya sabes que a mi comer oveja...

Así lo hizo Fran, regando todo con dos minis de cerveza cada uno.

-Yo me doy por servido –dijo Fran.

-Venga, vamos a pillar una tortilla de papas.

Fran intentó convencer a su hermano de que no iban a poder con ella, pero Juan insistió. Y una tortilla entera, muy gruesa además, le fue servida. Al principio la gozaron, pero ¿nunca han tenido esa sensación de que les gustaría acabarse el plato pero el estómago sencillamente ha cerrado? Eso les ocurrió a nuestros dos protagonistas.

-Pilla tú, no puedo más –dijo Juan.

-Lo has pedido tú, no me seas mariquita.

-Es que no puedo más

-¡Media tortilla! En un planeta donde cada dos segundos muere un niño de hambre, ¿crees que se puede tirar comida?

-Pues no, pero no puedo más.

-Yo no pienso tirarlo. Coge ese plato.

Juan dejó la tortilla al lado de un mendigo borracho, y creía haber echo lo correcto, pero una señora comentó:

-Seguro que ni es capaz de comérselo cuando se levante.

Y este comentario dejó a ambos con la molesta sensación de que un montón de somalíes les miraban con desprecio el resto del día.

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14 Julio 2008

La taberna vikinga.

-¿Otra vez te vas con el cocinero? –preguntó Fran a Carol.

-Sí, pero esta vez deberías venirte conmigo.

-¿Por qué? -Vamos a La Taberna Vikinga, y bien sabes que Álvaro se lleva un grupo de 18 cada vez que sale.

 -¿La Taberna Vikinga? ¿En qué consiste? No será el bar de los del Real Madrid.

-No, es como serían los sitios de los vikingos. Te sirven en cuernos y...

Fran imaginaba una especie de Walhalla donde unas rubias exuberantes le sirviesen asados e hidromiel antes de pegarse un revolcón con él.

-Me parece que no será como imagino, pero en fin, voy a verlo.

Y así, nuestro héroe dio con su hermana en Alcorcón donde esperaban Álvaro y su tropa. Éste les condujo rápidamente al bar y visto por fuera en nada se diferenciaba de cualquier otro garito donde uno pueda tomarse un tercio.

-¿Y las rubias? –preguntó Fran. -¿Qué rubias? –dijo el cocinero. -Deja, no te preocupes por bobadas –respondió Carol. -Bueno, al menos servirán cuernos de cerveza –dijo nuestro héroe.

Fran pidió uno, pero quedó decepcionado al ver que en el cuerno no cabía ni un botellín. Para colmo la cerveza tenía un sabor extraño y el interior del mismo despedía un olor como a tuétano. ¡Me cago en Odín y Thor diez mil veces!, pensaba para sí nuestro héroe. Pero entonces le dijeron algo que le devolvió su fe en el Walhalla:

-¿Qué quieres cenar? –le dijo Carol. -¿Vamos a cenar? -Pues sí, y te advierto que aquí las raciones son abundantes.

Fran echó una ojeada a la carta y pidió una hamburguesa. Y de entrada le sirvieron unos cangrejos de río. Mucho tiempo había pasado de la última vez que nuestro héroe probó aquellos crustáceos. Y le gustaban. Pero se le salieron los ojos al ver la “hamburguesa vikinga”. Era del diámetro de un queso manchego. Y bien aliñada estaba buena, muy buena. Mejor que las de cualquier Burguer.

.¿Puedo tomar una jarra con ella?

El jugo de la cebada, como siempre, revivió a nuestro héroe. La Taberna Vikinga era un sitio bueno pero había que saber lo que uno pedía. Porque los cuerno eran una engañifa por hacer la gracia. No es el Walhalla, pero vale, pensaba ahora Fran.

 

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2 Julio 2008

Ceder a la tentación.

Nuestro héroe se despertó aquel día orgulloso. A pesar de que le había costado un gran trabajo había logrado no comerse el jamón serrano que Doña Marta había traído la noche anterior. Fran llevaba mucho peso perdido y estaba decidido a perder los últimos 6 Kg que le separaban de su peso ideal. Por supuesto cada vez le tentaba más la comida, que había sido de siempre una de sus pasiones. Pero parecía empezar a llevarlo bien. Sin embargo, al buscar su leche desnatada en la cocina, se encontró una enorme bolsa de croissants que le tentaron cosa mala. Máxime cuando al lado había un paquete de mantequilla (no margarina, que repugnaba a nuestro héroe) y un frasco de miel (que prefería mil veces a cualquier mermelada). No me gusta el dulce, no me gusta el dulce, se decía Fran. Pero este mantra, aunque le alejó de los croissants y sus aditamentos, le trajo a la memoria el jamón. No es bueno para desayunar, se repetía mentalmente Fran.
Así logró pasar la mañana hasta las 12.00, pero Doña Marta trajo chorizo, lomo y queso manchego y el círculo volvió a comenzar.

-Juan, despierta –dijo nuestro héroe, a ver si el ejercicio que hacía con su hermano alejaba sus pensamientos de la comida.
-Mejor luego –contestó Juan, que la noche anterior había salido de copas.

Las dos horas siguientes fueron agónicas para Fran, sobre todo cuando Doña Marta rebeló algo más: había traído tarta de queso para el postre. ¡Tarta de queso! Eso fue más de lo que nuestro héroe pudo resistir. Cortó un pedazo, y lo comió. Lo disfrutó mientras lo saboreaba, pero al instante se sintió un cerdo. Y encima Juan, ahora ya despierto le abroncó por comerlo.

Tags: comida

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31 Diciembre 2007

Un nuevo año, disfútenlo.

Pues un año más se va de la historia. Y Fran analizaba lo que había dado de sí.

-Como todos los años, momentos buenos y malos.
-¿Y cuáles han sido los buenos?-dijo Carolina con sus típicos sofocos.
-Mira Carol, no voy a jugar a eso.

Cada año, Fran pensaba en lo que se le pide al año que viene, en lo que dejaba el anterior, y como al compararlos todos salían más o menos iguales salvo que hubiese ocurrido una desgracia o dicha realmente excepcional. Un premio de lotería, una muerte de alguien cercano... La conclusión era clara.

-¿Pero quieres decir que te conformas con una mierda como la de estos 12 meses?
-No, Carol, quiero decir que las alegrías y los logros no los traen los años, hay que ganárselos.
-¡Pues acabas de desposeerme de toda ilusión por el nuevo año!
-Mira, hermana, no ésta, cualquier fiesta sólo tiene un sentido: que la gente disfrute, y eso voy a hacer esta noche. Me tomaré las uvas y me iré con mis amigos a agarrarme un buen moco.
-¡Sólo piensas en el placerrrrrrrrrrrrrrrrr! Eres un hedonista.
-Ya estás arrastrando las erres como siempre que te da la gilipollez. Mira, vamos a tomar una cena de puta madre, comer 12 uvas y luego yo me voy a poner la capa que me regalaron el año pasado, tipo Ramón García (¡justo el año en que él se va!) y me iré a pasarlo bien.

-¡Pues yo lo único que puedo es sufrirrrrrrrrrrrrrr!
-No voy a darte más palique, Carol.

Sin embargo, cuando Doña Marta Palacios trajo el asado, la hermana de nuestro héroe fue de las que más lo disfrutaron.
-¡Como siempre tus sofocos te traen una excusa para hartarte de papeo! –observó Fran.
-¡Cállate y pásame el turrón! Pero no este, el de café irlandés.

Posteriormente, cuando la televisión emitió las campanadas, Carol abrazó con ilusión a Fran y le dijo:

-¡Feliz año!
-Yo no creo en eso, la felicidad hay que ganársela. Por eso lo que sí hago son propósitos para el nuevo año, y el primero es conseguir una nómina y que mi hermana no sufra sin motivo.

Y es que en efecto, amigos, el Año Nuevo es una de esas fiestas que deben celebrarse y disfrutarse. No piensen en lo que se va ni en lo que viene, aprovechen esta noche. Por cierto, las cadenas de televisión, son conscientes de ello y siempre nos dejan algún momento bueno esta noche. Como éste, que es mítico.

Este año se cumplen 20 de esta actuación, y seguimos con ello. Y es que las tetas gustaban hace 20 años, ahora, y posiblemente en la nochevieja de 2027. ¡Feliz año! (¡Dios, si no creo en eso!)

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17 Septiembre 2007

¡Yupiiiiiiiiiiiii, sigo teniendo polla!

Aquel día, Fran se sintió muy ligero al levantarse. Lo primero de todo acudió a la farmacia, a aquel lugar horrible, a aquel artefacto que representaba no ha mucho su peor pesadilla: la báscula.

Metió la moneda en la ranura. Los tres pitidos de siempre sonaron: Pip, pip, piiiiiiiiiip. Y al mirar el papel estalló de alegría:


PESO: 99.950

ALTURA: 1.84

ÍNDICE DE MASA CORPORAL: 30

TABLA DE ÍNDICE DE MASA

MENOS DE 18: BAJO

18 A 25: NORMAL

25 A 30: SOBREPESO LEVE

30 A 35: SOBREPESO ELEVADO

MÁS DE 35: SOBREPESO MUY ELEVADO

En otras palabras: el primer objetivo de la Operación Somalia estaba conseguido: bajar de 100 Kg. Traía por otra parte el añadido de que el sobrepeso era ya “leve”. Al llegar a casa dijo a Juan:

-Juan, ya podemos irnos al chino a cenar como dijimos.

-¿Has bajado del quintal métrico?

-Sí, voy a pedirme una sopa agria y picante, arroz tres delicias, tallarines con ternera y setas, pollo con almendras…

-No recuperes en una noche lo que has tardado tres meses en perder.

Aquella frase bajó el optimismo de Fran. Sin embargo al ducharse tuvo otra sorpresa agradable. ¡No tengo las tetas de una puta cuarentona,

sino de una quinceañera!,

se dijo a sí mismo. Y en la ducha, cuando se frotaba tuvo. otro encuentro:

-¡Mi polla! –gritó-. ¡Todo este tiempo me ha esperado! ¡Sigo teniendo polla! ¡Aunque no me la viese!

Tags: comida

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1 Agosto 2007

Operación Somalia.

"La forma de vivir siempre sano es comer lo que no te gusta, beber lo que no te apetece, y hacer lo que preferirías no hacer".

(Mark Twain)

Gordal se miraba al espejo antes de ducharse. Pensaba: de pequeño quería ser un Jedi y me parezco más a Jabba el hutt. Decidió que había que adelgazar. Pero al salir de la ducha a desayunar encontró el jamón serrano que había traído Doña Marta Palacios. Se dio un atracón con él. Juan se levantó y le preguntó cuanto tiempo llevaba sin verse la polla. Fran estaba acostumbrado a esa broma, pero por la tele dieron un listo de las enfermedades a las que eran propensos los gordos. Por pura hipocondría creía tener síntomas de todas y retomó su proyecto de dieta. Pero el cocido madrileño del mediodía...¡Ay, el cocido! Fran se puso tres platos y cuando acabó, sintiéndose culpable y diez kilos más gordo aún, recapacitó sobre la dieta. Pero cuando por la tarde pusieron un reportaje sobre los metrosexuales en la tele, su instintivo asco hacia ellos hizo que reaccionase merendando un buen montón de queso manchego.
Y de cena torreznos.Al irse adormir creía tener más tetas que muchas mujeres.

Al día siguiente se decía: hoy empiezo la dieta. Pero encontró un paquete de ensaimadas que le hicieron flaquear en su propósito. Y cuando Juan se levantó dijo:

-Estoy gordo, voy a ponerme a dieta.
-¡Entonces yo también! –dijo Fran.
-Van a ser cuatro meses. ¿Serás capaz?

Al oír ese lapso de tiempo Fran se incomodó pero no pensaba dejar a Juan oportunidad de reírse:

-¡Claro que puedo!
-Muy bien, pues te voy a poner como a Tyson en sus buenos tiempos.
Va aser la “Operación Somalia”

Fran se quedó asustado de lo que había dicho. Y pensó que Juan se olvidaría pronto de ello. Pero al día siguiente aun se acordaba lo suficiente para que él y Fran comiesen unas epinacas rehogadas mientras el resto de la familia se deleitaba con unos huevos fritos con migas. En menuda me he metido, pensaba para sí Fran.

Tags: comida

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Sobre mí

Éstas son las aventuras de un chico cualquiera de Madrid, que sigue fascinado por ciertas cosas hasta extremos casi enfermizos. Creo que mucha gente habrá vivido situaciones similares a las que afronta nuestro protagonista, un chico soñador de grandes mujeres Y realizador de ninguna. Era un fanático del manga y el anime Y del oeste americano Y basaba su vida en tres preceptos
Esperando contenido...
Web Counter piltrafillas te han conocido, Fran, desde el 7 de julio de 2007, día 0 del contador.
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