Hambre de venganza.
Pues sí, así era. Nuestro héroe no había podido reponerse todavía dela decepción que le supuso no poder conseguir ese póster cuando llegó la semana del derbi. Un momento de importancia para la "Santísima Trinidad Gordaliana". De un lado el Atlético de Madrid, equipo muy sufrido (sobre tgodo sus aficionados) y del otro la "Canalla Vikinga", también llamada el Real Madrid.
Este partido, siempre importante , había cobrado para nuestro protagonista una importancia aún mayor, pues de un tiempo a esta parte, el Atlético de Madrid había sufrido todas las humilaciones posibles para un equipo de fútbol, tanto las estrictamente deportivas como de cualquier otro tipo. Por el contrario el Madrid, atajo de asquerosos prepotentes hijos de perra, había vivido momentos dulces. Nuestro hombre había asumido para el Real Madrid respecto del Atleti un rol semejante el de "ese vecino asqueroso y vil que todos tenemos, al que todo parece irle siempre mucho mejor", pero es que los últimos años bién podían haber sido escritos por el Ultrasur más desquiciado: Todo empezó con afrentas tales como el mero hecho de que vistiesen la rojiblanca jugadores del tipo de Venturín, Pilipauskas, y medianías semejantes

¡De donde tenía que soportar tales paquetes un equipo que no hacía ni 3 años entonces había hecho un doblete que había dejado sorprendida a toda la afición española! Y eso por no hablar de dos entrenadores que había fichado Jesús Gil. El primero de ellos, Arrigo Sacchi, era conocido por todas las aficiones del mundo por ser el artífice del mejor Milán de la historia.

Sim embargo, el Atleti, como club especial que era, tenía otra visión sobre él: fué precursor de la época más negra de la historia bdel club. Y es que nadiesabe si es que llegó viejo, si no entendió al club, pero el equipo hizo una temporada nefasta, salvándose de milagro a última hora. Pero el desastre no había hecho sino comenzar: la familia Gil, obsesionada con la visión del fútbol de los italianos, poco vistosa pero normalmente eficaz, trajo al club a otro entrenador italiano, Claudio Ranieri, que había hecho una gran temporada con el Valencia
Gordal todavía recordaba que entonces ese entrenador le parecía bueno, pero no tardó Ranieri en demostrar que era un inútil que de casualidad, de pura casualidad, había tenido un buén año una vez. Con una plantilla muy mal planificada, que mezclaba a un delantero grandioso, Jimmi Floyd Hasselbaink, con insultos al fútbol como los ya citados Venturín y Pilipauskas.
Gordal nunca olvidaría una estampa de este delantero, de la cual hablaremos más adelante. Pero lo peor aún estaba por llegar: este equipo, tras realizar un inicio de liga muy irregular, cuando parecía estar tirando por fin hacia arriba sufrió la humillación extradeportiva más impensable que se podía esperar para un club de fútbol: La fiscalía anticorrupción ordenó la intervención judicial del club. Un administrador judicial de aspecto siniestro, Luis Manuel Rubí Blanc se hizo cargo del club, con resultados nefastos económicamente hablando
¿Y deportivamente? Nadie podría jamás demostrar la relación entre esta intervención y lo que ocurrió, pero lo cierto es que el equipo no volvió a ganar un partido hasta las últimas jornadas de aquella liga, consumándose un descenso, algo que no había ocurrido desde los años 30 en este club. Ese día dejó la estampa de Hasselbaink llorando sobre el césped tras haber marcado 22 inútiles goles a lo largo de la temporada, una imagen que como se dijo , Gordal no podía olvidar. El único descenso en más de sesenta años de historia se había producido bajo la administración judicial."Consumado el desastre imposible", "Ver para creer","Un grande humillado" y otros titulares semejantes adornaron la noticia del hundimiento rojiblanco. La situación anormal que vivió el club quizá njo fuese la única causa de ese descenso, pero desde luego no ayudó en nada al equipo. Y todos los que hablaban del tema (periodistas, exjugadores, etc)veían en ella el principal problema de esta temporada. Pero lo que más le jodía a Gordal era la molesta sensación de que un club que funcionaba como todos los demás había sido intervenido por razones políticas. No sería él quien defendiese a Gil, pero desde luego otros clubes sin presidentes políticos, y con los mismos chachuyos no habían sido intervenidos. Como decía el diarioAs, "nadie recompensará el sufrimiento de la afición atlética por aquella decisión, aún no suficientemente aclarada". Pero lo peor fué el ninguneo y la crueldad que hubo que soportar de los chulos de siempre durante los dos años que el equipo tuvo que visitar a diario campos como Elcdhe, Eibar, Leganés, etc. Pero más cruel aún era ver que bigardos tales como Manel, jugador del Espanyol, que el Atleti quiso fichar durante esos dos años se descolgasen diciendo "no, jugar en segunda sería un paso atrás en mi carrera" ¿De donde había que soportar tal falta de respeto de un tío que en los años normales del equipo no hubiese podido soñar ni acercarse al Manzanares? Los vikingos simpre habían sido unos chulos de putas, pero que perdiesen el respeto individuos como este, era el colmo. Y por último cunado el equipo logró el ascenso, no terminaron del todo sus males: en los tres años anteriores había terminado en la parte media de la tabla, y este llevaba trazas de repetir aquello, cuando el Atleti debería haber ido siempre a la Champions League. Además en los derbis había sido siempre derrotado desde que subió. Sorna que se incrementaba pensando que el mejor partido que nuestro protagonista recordaba del Atleti había sido el derbi del año del descenso. ¡Quien hubiese dicho viendo aquel partido que el Atleti bajaría aquel año! Por todo ello Gordal deseaba que alguien, y de ser posible el Madrid pagase (futbolísticamente, por supuesto) por todas esas vejaciones. ¡Qué dulce sería ver a Raul, que personificaba lo más detestable del Madrid lorar tirado en el suelo al acabar una temporada, como Hasselbaink!



Y realizador de ninguna. Era un fanático del manga y el anime
Y del oeste americano
Y basaba su vida en tres preceptos
