Esto no es el Oeste.
Fran había quedado con sus amigos. Iban a ir a comer una paella a la casa que Jaime tenía en un municipio cercano a Madrid Además del citado Jaime y del Grelos , iba con ellos una guapa logopeda llamada Paula que habían conocido a través del Nécora y Marcelo, un chico del barrio que ocasionalmente se juntaba con ellos, mucho más a menudo en los últimos tiempos. Marcelo, aunque sin llegar a los extremos del Nécora, con frecuencia creía que era capaz de más de lo que realmente podía. Fran venía de enterarse de que Gregory Peck, no sabía montar a caballo cuando hizo su primera película del oeste, y lo comentó en el coche.
-Pues yo tengo allí dos jamelgos –dijo Jaime-. Puedo enseñaros a montarlos.
-¡Yo me apunto! –dijo Marcelo
-¿Y tú, Fran? ¿No te gustaría hacer como Gregory Peck?
-Esto no es el oeste –dijo Fran.
-Se ha giñado –dijo entre risas Marcelo.
-¿Pero tu eres bobo? ¿Cómo me voy a subir en un bicho de esos sin haber montado jamás, sin silla, sin estribos...?
-En eso Fran tiene razón –dijo Paula, mientras Fran, mentalmente se ponía las botas con ella.
-Lo que hay que hacer –remachó Jaime-, es estar tranquilo. Y si el bicho se encabrita más tranquilo todavía.
El Grelos, que no había abierto la boca, dijo:
-Yo prefiero los perros que tienes allí.
Al llegar, Fran se dio un vuelta por la finca. Vio dos bonitos perros atados y se fue a acariciarlos. También un redil con ovejas y un carnero que por su grandes y colgantes cojones le recordó al órix de Libertad para los osos, el libro de John Irving, en el que dos chicos jóvenes pensaban soltar a todos los animales del zoo de Viena y en especial al citado antílope que reconocían por sus testículos.

En eso, Jaime trajo a los caballos del establo. Paula se puso a hacer cucamonas a Princesa, una bonita yegua blanca que pacía tranquila, mientras Jaime llevaba también a pacer a Goliat, un enorme percherón, pero muy pacífico. Fran observó que se dejaban hacer cucamonas y al ver a Paula cerca de la yegua imaginó una especie de Lady Godiva.

. Jaime cortó sus pensamientos de raíz diciendo:
-Venga, ya le habéis toqueteado. Montad.
-¡Ahora mismo! –dijo Marcelo
Fran experimentó cierta inquietud. Al subirse Marcelo en Princesa, la yegua, que hasta aquel momento había sido una santa se puso nerviosa. Marcelo dio dos botes sobre la grupa del animal y al cuarto cayó. Se quedó en el suelo doliéndose. Fran no pudo evitar pensar en Christopher Reeve, en el hijo de Barry Lyndon, en la hija de Escarlata O’ Hara...
Pero Paula le tranquilizó diciendo:
-¡Se ha hecho daño en la mano!
Marcelo fue al ambulatorio local, donde le diagnosticaron una fractura y lo mandaron al Gregorio Marañón. Volvió escayolado, pero riéndose a mandíbula batiente y cuando por fin, a las cinco comieron Fran le habló:
- Ya te lo dije, esto no es el oeste.







Y realizador de ninguna. Era un fanático del manga y el anime
Y del oeste americano
Y basaba su vida en tres preceptos

films dijo
Interesante relato me ha gustado mucho
16 Abril 2007 | 11:59 PM