Navidades prematuras.
Nuestro héroe caminaba por el Paseo de Prado cuando súbitamente quedó envuelto en un manto de luces navideñas. Los más mojigatos se quejaban del alargamiento de días de alumbrado del ayuntamiento diciendo que gastaba energía, que no era necesario...
Todo ello era cierto, pero Fran se sentía a gusto en el ambiente navideño. De pronto cayó en la cuenta de que faltaba un mes para el día de navidad. Bueno, pensó, hoy mismo puedo comprarme una barra de turrón y comenzar las fiestas. No, no podía. De acuerdo con el esfuerzo que hacía por perder peso había convenido no hacer excesos fuera de las noches del 24 y el 31 de diciembre. Pensó en los Belenes, una bonita tradición navideña que siempre le había gustado. Pero bastaba con mirar alrededor para ver que sólo había árboles de navidad artificiales y dibujos sin forma en aquel alumbrado. Porque lo cierto es que el alumbrado era feo de cojones.

Una especie de racimos de uvas fosforescentes adornaba el paseo de prado, en Goya eran una especie de ramas de zarza y, desde el año anterior a algún progre se le había ocurrido adornar zonas de la capital con palabras sin sentido.

¿Qué cuesta mantener los motivos tradicionales de la fiesta? Pues no. Y entonces encontró algo que dio sentido a todo. Un slogan político burdamente camuflado entre las palabras. La política pudre hasta la época de más ilusión y bondad del año. ¿Tendrán razón todos los que rajan de la navidad diciendo que es una fiesta estúpida, vacua, que solo responde al interés comercial? Lo cierto es que si uno perdía la ilusión por los regalos de Los Reyes (lo que había ocurrido por edad), la posibilidad de disfrutar la comida navideña (lo que había ocurrido por régimen), no tiene un puto duro que gastar (lo que había ocurrido por su fallo en las oposiciones) y no hay motivos navideños puros y como deben ser (lo que había ocurrido por la imbecilidad de un Alcalde que quiso descubrir la sopa de ajo), la fiesta pierde toda su esencia natural. ¡Sí, ahí estaba! Fue como un puñetazo. Esta fiesta en realidad es una mierda. Hay que acabar con ella. Su paso por delante del Corte Inglés donde el Cortilandia conseguía un año más que los críos repitiesen como loros sloganes comerciales le reafirmó en tal idea. Pero entonces... No todo estaba perdido. Fran llegó a a plaza mayor y el tradicional mercadillo navideño le devolvió la ilusión. Allí había como siempre un enorme surtido de figuras de nacimiento:

Pastores, lavanderas, ángeles, árboles, pescadores, molineros, panaderos, herreros... Todos los personajes del pueblo de Belén. ¡Cómo disfrutaba nuestro héroe con las miniaturas de cualquier tipo! Bien pensado, un Belén no es muy diferente de la maqueta ferroviaria que siempre había soñado con tener nuestro protagonista. Y, por supuesto casas, el castillo de Herodes, árboles, pozos... Todo lo necesario para el fondo de la composición. Sí, tan estúpidos son los que se corren con esta fiesta como una especie en auge, el que parece que porque sea Navidad le han pegado una patada en los cojones. Ni los regímenes ni la imbecilidad del Alcalde puede destruir del todo la fiesta. Si pudiese tomarse un turron... ¡Un momento! ¡Aún falta un mes para la Navidad! Dentro de un mes, tendré unas navidades algo mejores, pensó nuestro héroe.

Sí, amigos, mientras que de un Belén y una tableta de turrón en el mundo... Valdrá la pena esta fiesta. Sólo hay que esperar un mes más.














Y realizador de ninguna. Era un fanático del manga y el anime
Y del oeste americano
Y basaba su vida en tres preceptos

mrs_maggots dijo
jejejeeje. Feliz navidad a nuestro heroe con un mes de antelación! besitos
28 Noviembre 2007 | 12:15 PM