Quédate en casa, que estás mejor.
Después de varias semanas con Julián y El Grelos sin salir del barrio decidió nuestro héroe probar suerte con Marcelo. El plan de Marcelo era en principio atractivo: Iba a salir con dos compañeros de su trabajo y chavalas. Además por la Gran Vía, zona poco explotada por nuestro protagonista en sus salidas. De modo que salió de casa con ilusión. Llamó al móvil de Marcelo y le dijo:

-¿Por donde andáis tú y tu gente?
-La calle se llama la Corredera Baja de San Pablo, y el sitio La Golfilla.
-Buen nombre. ¿Pero como se llega desde la Gran Vía a la Golfilla?
-Pues tienes que ir hasta la calle Luna, y es una de las que desembocan en la plaza.
Nuestro héroe conocía bien la calle Luna, pues es donde se encuentran la mayor parte de las tiendas de cómics de Madrid. Pero no era capaz de encontrar la Corredera. Intentó volver a llamar a Marcelo, pero este no cogía. Miró en dos o tres planos de las paradas de autobuses, según los cuales, La Corredera Baja de San Pablo llegaba a la misma Gran Vía. Pero no la veía. Cuando se dio cuenta eran las 00:30 y seguía dando vueltas como un imbécil. La noche estaba resultando “ligeramente” decepcionante. Por fin optó por el remedio más evidente: subir por una calle paralela a Luna que cortara la Corredera. Cuando lo hizo encontró a Marcelo con varios compañeros de trabajo.
-Buenas noches. ¿No teníais aquí un harén que era la hostia?
-Hombre si tú has tardado tanto –dijo Marcelo-, dale tiempo a las chavalas de que lleguen.
Era razonable. Nuestro héroe bebió algunos cubatas y al fin llegaron las mujeres que prometió Marcelo.
-Buenas noches. ¿Qué tal estáis?
-Pues acabamos de volver de Croacia, un viaje muy bueno.
-Mi hermana estuvo allí hace poco –dijo Fran.
-¿Y qué? –dijo hoscamente una de las pibas, que iba a ser decisiva en el devenir de la noche.
Fran quedó desconcertado por tal bordería, pero intentó contestar con educación:
-Bueno, mi hermana ha hecho varios viajes, yo fui con ella a Túnez...
-¡Eso es una mierda!
Fran había conocido en dos frases a la persona más borde y gilipollinas que sus ojos hubiesen contemplado nunca. Trató de ignorarla y seguir la noche como si nada hubiese pasado.
-Bueno –dijo a Marcelo-, ¿cambiamos de garito?
-¡Yo estoy bien aquí! –le cortó la criturita antes mencionada.
-Bueno, esta piba, ¿qué es? ¿La oposición? –dijo Fran.

-Traga un poco, hombre –dijo Marcelo.
-Si ya trago. De no ser una chica hubiese cobrado.
-Ahora nos vamos.
Fran solo había visto el principio. Aquella chica le dio la noche bien dada. El comportamiento de llevarle la contraria incluso cuando hablaba con otros aparte de desconcertante era molesto. Y contestaba mal. Cuando llegaron donde Marcelo proponía, el garito acabo de deprimirlo. Miró el reloj y eran las cuatro.
-Me voy –dijo Fran.
-¡Quédate un poco más! –le pidió Marcelo-. Si no, no saldrás nunca de casa.
Pero es que estoy mejor, pensaba Fran. Al salir una puta le ofreció sus servicios. Fran ya había tenido suficientes putas por una noche. Se dio cuenta de algo curioso. La calle que enfilaba se llamaba Calle del Desengaño. Muy irónico aquella noche.Por supuesto que no iba a quedarse siempre en casa, pero noches como aquella hacían considerarlo. Más aún con la hora y media de paseo nocturno que le aguardaba entre borrachos, putas y demás fauna nocturna madrileña.










Y realizador de ninguna. Era un fanático del manga y el anime
Y del oeste americano
Y basaba su vida en tres preceptos

unasenderista dijo
ME gustaría saber si existe realmente la calle Desengaño, siempre se utiliza esta calle, en escritos, en la tele, saludos
23 Enero 2008 | 01:22 PM