Pese a todo, quiero ser funcionario.
Aquella mañana nuestro héroe estaba tenso. Le había llegado al móvil un mensaje según el cual había salido la esperada lista de admitidos a sus oposiciones. Se levantó y se vistió pronto. Poco después salía en dirección a Sol. En la calle Carretas estaba el Registro de la Comunidad de Madrid, donde debía estar expuesta la lista.

Se acercó al mostrador y pidió a la chica que atendía la lista.
-Aquí la tienes –le dijo con una sonrisa.
Nuestro héroe se sintió aliviado con ella en las manos. Pensaba en lo fácil que había sido todo hasta aquel momento, y al mismo tiempo se decía que no podía salir todo tan bien. Tenía un mal presentimiento después de sus experiencias con los burócratas. Repasó la lista de arriba abajo y no se encontró.
-Oiga –dijo-. No aparezco en la lista.
-Entonces está excluido. Más suerte la próxima vez.
Gordal se sorprendió. Reunía todos los requisitos que se pedían en la convocatoria. Y además, estaban obligados a mostrarle el motivo de la exclusión, algo que la chica de la ventanilla parecía no estar dispuesta a hacer.
-¿Cómo que excluido? Déjeme verlo.
-Ya ha visto que no está entre los admitidos.
-Pero también hay una lista de excluidos, y quiero verla.
-Pero si no puede hacer el examen...
-¡Tráigamela y no diga tonterías!
-Mantenga las formas o se va. Ahora voy a por ella.
Ahora sí que veo la burocracia, pensaba Gordal. Luchando a brazo partido por algo normal. La chica de la ventanilla vino con un funcionario enano, muy parecido al Rompetechos de las películas de Mortadelo Y Filemón, que al ver a nuestro hombre le dijo:

-Aquí tiene su lista y haga el favor de no gritar a mi compañera. No me extraña que le dejen fuera así.
-Y a mí, que quiero ser funcionario, no me extraña la fama que tenemos si son todos como ustedes.
Ya más calmado, Fran observó la lista de excluidos. Y los motivos.
-¡¿Cómo que no soy mayor de edad ni español?! –exclamó.
-Ya ha dado bastante la brasa, lárguese –dijo el funcionario enano que tenía muy malas pulgas.
-¿Dónde puedo reclamar esto? –preguntó un Gordal visiblemente incómodo y molesto.
-¡Pues aquí mismo! ¡Qué individuo, hay que decírselo todo!
-Pues deme una instancia de reclamación. No sabe hacer su trabajo.
-Aquí la tiene. Lárguese ya.
Gordal la rellenó, apuntó una fotocopia del carné como prueba de que los motivos de su exclusión eran erróneos y la entregó.
-¿Cuándo saldrá la lista de rectificaciones?
-¡Y yo que sé! Deje libre la ventanilla.
Gordal reprimió sus ganas de collejear al enano y salió del edificio asombrado: pese a todo, quería ser funcionario.





Y realizador de ninguna. Era un fanático del manga y el anime
Y del oeste americano
Y basaba su vida en tres preceptos

golosinas dijo
se muy atractivo el puesto de funcionario... se hace lo que sea para conseguirlo. todo por la pasta!
saluditos.
5 Marzo 2008 | 11:18 AM