A un puertas amable.
Pues aquella noche, Fran, Julián , El Grelos y Marcelo habían quedado en el dos y bebían felices sus cubatas. Sin embargo, pasado un cierto tiempo, el garito se les empezó a quedar pequeño, y las ganas de salir se imponían.
-Vamos a salir un poco –dijo Julián.
-¿Ahora? Salimos un poco pasados de hora ya –dijo el Grelos.
-Pero últimamente salimos menos. Venga, vámonos –opinó Marcelo.
Nuestro héroe estaban dividido:
-Si me dejáis ponerme zapatos salgo –dijo.
-Tenemos que irnos ya –insistió Julián-. Si no, a estas horas, no vamos a ninguna parte.
Pero en el fondo, Gordal también tenía ganas de salir. Por ello se dejo arrastrar y cogió un taxi con sus amigos. Durante todo el trayecto no dejaba de dar vueltas a sus botas, que a su juicio le iban a cerrar las puertas a cualquier local.

-Para lo que vamos a hacer, podríamos habernos quedado –afirmó.
-¡Coño, no des más la brasa!
En verdad Gordal veía que se estaba poniendo pesado, pero es que de imaginarse a un gorila de discoteca diciéndole tú no pasas, se le revolvían las tripas. Quien siga habitualmente las aventuras de nuestro héroe sabrá su opinión general de los puertas, a pesar de que su primo de Zaragoza Manolo se dedica a ello. Cuando llegaron había una pequeña cola en el local. En ella, Fran no dejaba de pensar en el número que Copito de Nieve, como llamó en su cabeza al portero por sus canas, le iba a montar.

-Ahora nos quedamos fuera, tanta prisa por salir –insistió
-Fran –dijo el Grelos-, sabes perfectamente que no hubiésemos podido salir más tarde.
-Pero es que no pensábamos hacerlo.
-Pues vuélvete a casa y déjanos –le abroncó Marcelo-. ¡Para una puta vez que salimos!
En ese momento llegaron a la puerta y Copito de Nieve habló:
-Está bien, pasad, pero la próxima vez ven sin botas.
Fran no podía creerlo. Un puertas que no era chulo ni faltaba al respeto. Un puertas que le había aplicado el mismo criterio que a los niños pijos pastilleros de delante. El resto de la noche lo pasó muy bien con bebidas y chavalas. Había valido la pena salir y todo, porque milagrosamente, Copito de Nieve resultó ser amable. Incluso le parecía oír de fondo en vez de La Gasolina que sonaba en el local el Aleluya de Haëndel. Y es que los puertas amables, parecían existir, pero no sabemos si están en extinción o es que nunca fueron numerosos. Pero hacen mucho bien al ecosistema de las ciudades. Por todo ello, cuidémoslos. Que las autoridades los protejan y subvencionen. Es una especie que todavía está presente y no debe desaparecer.





Y realizador de ninguna. Era un fanático del manga y el anime
Y del oeste americano
Y basaba su vida en tres preceptos

jaimixx dijo
Deberías echar la quiniela esta semana, seguro que te toca.
10 Marzo 2008 | 02:10 PM