Lo que no es soportable.
Juan Gordal llevaba toda la semana muy pesado diciendo que quería ir con Fran a comprar un cinturón. Fran aceptó, porque lo cierto era que el que tenía no iba a durar mucho más. Pero pronto se arrepintió de tal decisión.
-Vamos a comprarnos también camisas –dijo Juan.
-Pero si ya tenemos.

-¡Y una mierda ya tenemos! Como tu madre, en cuanto puedes tirar minimamente...
-Juan, tú nunca habías sido una fashion victim.
-Pero he cambiado, ahora que me he puesto en forma...
-Eso está muy bien, pero ¿porque obligas a los demás a imitarte?
-Mira como te va de momento y dime si no tienes que imitarme.
Aquella tarde compraron las camisas. Fran se olvidó completamente de ellas. Daba a su hermano por contento, pero a la semana siguiente, éste le hizo notar que no, que no había acabado su aleccionamiento.
-Tienes que ir a comprarte unos gallumbos nuevos. Y de los buenos, además
-¿Para que? ¡Si nadie los va a ver!
-Precisamente, para que tengas ocasión de meterla.
-Oye, Juan, me has obligado a comprarme un montón de cosas que casi nuca uso...
-Pues deberías.
-Te has convertido en un metrosexual de mierda. Y lo peor es que eso resulta muy caro.
-¡Vete a la mierda! ¡Siempre luchando por ti y lo único que dices siempre es que soy un brasas, un cabrón...!
Así acababan últimamente todas las semanas. Pero la verdad es que Juan era capaz de sacar de quicio al Santo Job.

Su inequívoca posesión de la verdad y su vehemencia en sus predicaciones habían alcanzado en los últimos tiempos proporciones increíbles. Verdad era que nuestro héroe había perdido muchos kilos de peso gracias a él, pero cuando se le hacía caso en cualquier cosa, Juan daba por sentado que eso debería ocurrir siempre. Y Fran se preguntaba hasta cuando debía soportar a su hermano.
-¡Menos mal que lucho por ti! Tú seguirías echado en el sillón ganando panza.
-Juan, te estás pasando y...
-Ahora ibas a decir que eres el único que me soporta! Solo repites dos o tres frases.
-A la siguiente orden que me des te quedas solo.
-Eso, “winner”. No aguantas una. Vete a casa a joderte más.
Porque encima, Juan decía que todo lo que no fuese obediencia ciega hacia él era joderse a uno mismo. Fran procuraba aguantar, porque si no, luego su hermano le pasaría por la cara su “debilidad” Pero aquella vez Juan cruzó todas las líneas:
-¡Mira que camiseta llevas! –dijo quitándola todo el polvo que llevaba la misma y que sólo el veía-. Y hueles a gominola. Enséñame la boca.
-¡Eso sí que no! ¡Exploraciones de orificios no estoy dispuesto a soportar! –dijo Fran y le abandonó en la calle.
Juan se quedó gritando sobre el poco aguante de Fran, sobre como iba a joderse a sí mismo... Fran se sentía bien habiéndole puesto en su sitio. Pero cuando Juan llegó a casa y tuvo que soportar su retahíla durante tres horas, se arrepintió.




Y realizador de ninguna. Era un fanático del manga y el anime
Y del oeste americano
Y basaba su vida en tres preceptos

el-hombre-sin-ojos dijo
Uno debe cambiar solo si desea cambiar . A mi me dan igual las modas , visto como me apetece vestir en cada momento . La metrosexualidad ha hecho mucho daño en nuestra sociedad
19 Marzo 2008 | 10:03 PM