La Coctelera

Francisco Gordal

24 Marzo 2008

Hostias fuera del boxeo. Hoy, velada de muay thai.

- ¿Cómo va tu búsqueda, Juan? –preguntó Fran.
-¿Qué búsqueda?
-Allá por octubre dijiste que íbamos a ir a una velada de boxeo de puta madre.
-Es que no las hay buenas aunque...
-¿Qué?
-¿Te importa que sea de muhai thai?

No era una mala solución. El famoso boxeo con los pies tailandés, aunque no podía compararse con el boxeo normal, siempre ofrecía espectáculo y diversión. Además venía de una vieja tradición cultural, y los combates tenían un cierto aire de misticismo que merecía verse.

-¿Dónde es la movida?
-En Campamento. Parece que se organiza una velada con dos campeonatos de España y traen a dos tailandeses.
-Pues vamos para allá.

Dicho y hecho. Llegado el día de la velada, por 25 euros nuestros dos protagonistas tuvieron una silla de ring. Compraron cerveza y bocadillos en el tenderete de la entrada y quedaron asombrados por el ambiente. Estaba todo lleno de porteros enormes y, para alegría de los dos hermanos, unas chicas de ring impresionantes en la zona vip.

-Joder, esas chavalas yo no sabía ni que existían –dijo Fran mientras era presentado el primer combate.
-Mira, aparecen los contendientes.

El primer combate era entre dos críos de poco más de 18 años. Pero lo primero que llamó la atención de Fran fue un extraño ritual de apertura. Uno de los contendientes realizaba una extraña danza de rodillas sobre el ring y una música oriental sonaba de fondo.

-Lo que ves –le aclaraba Juan- es un ritual que deriva de una leyenda según la cual una aldea fue invadida y propusieron para evitar una guerra que un luchador derrotase a los más fuertes del otro ejército. Así, con esa danza, pedía ayuda a los dioses. Como suele pasar en las leyendas, lo consiguió.
-¿Y esa diadema que lleva?
-Eso antiguamente se hacía con una serpiente venenosa.
-Disecada, imagino.

Empezó el combate. Uno de los dos críos salió muy bien, pero fue arrinconado en las cuerdas un minuto más tarde y encajó un golpe fatal. K.O. técnico.

-Para que se vea que no hay que despistarse –dijo Fran.

La velada fue en general muy espectacular, pero al aparecer uno de los dos tailandeses que anunciaba el cartel , nuestros héroes quedaron sorprendidos por uno de sus datos: más de 115 combates.

-Éste seguro habrá luchado en peleas de esas guarras de hoteles que hacen en su país a punta pala –dijo Juan.
-Sí, ya sé que allí todavía hay muchos que van del campo a la ciudad a hacerlo porque es su única salida. Y muchos quedan dañados.¿Todavía son tan colgados de pelearse como al final de la peli Kickboxer?

Por si alguien no lo sabe, en esa película, Van Damme luchaba contra el malo según la manera antigua, que era con las manos envueltas en cáñamo que se mojaba en resina, y con la resina por cristales rotos.

-No creo –dijo Juan

El tailandés se rebeló un buen luchador. Venció a los puntos y paseo la bandera de su país mientras era aplaudido por el público que le reconocía su valía. Y para acabar el plato fuerte: un campeón español, Rafi Zohuier, se enfrentaba a otro tailandés. Fran estaba comentándole un detalle a Juan:

-Vale dar con el codo, pero en toda la velada no lo hemos visto.
-Es difícil meterlo.

Y en ese momento, Zohuier noqueaba de un codazo a su oponente.

-¡Joder! ¡Sólo había que decirlo! –exclamó Fran.
-Bueno, hemos vito buena velada, buen ambiente, chicas guapas...
-Sí lo recomiendo. Ahora, nos ha faltado una pelea como la de Van Damme.
-¡No digas burradas!

servido por javier-caspito 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

el-hombre-sin-ojos

el-hombre-sin-ojos dijo

Jajajja, como las de Van Damme está claro que no son . Lo malo es que es dificil ver patadas espectaculares y estas cosas , son mas combates de desgaste .
Me gusta mas el boxeo que el muay thay y sus derivados

24 Marzo 2008 | 04:47 PM

anakenobi

anakenobi dijo

Vaya no sabían que hacían esta clase de combates en España, desde luego publicidad les dan poca.

Saludos

26 Marzo 2008 | 12:10 PM

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Sobre mí

Éstas son las aventuras de un chico cualquiera de Madrid, que sigue fascinado por ciertas cosas hasta extremos casi enfermizos. Creo que mucha gente habrá vivido situaciones similares a las que afronta nuestro protagonista, un chico soñador de grandes mujeres Y realizador de ninguna. Era un fanático del manga y el anime Y del oeste americano Y basaba su vida en tres preceptos
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