Poción mágica casera.
- Basta por hoy, vámonos a casa –dijo el Grelos tras acabar su cubata.
Había sido una noche muy larga. Desde las ocho de la tarde Julián, el Grelos, Abadía y por supuesto, Fran, habían estado dando tumbos por el centro. Ahora eran las 2:00 de la madrugada y tras varios garitos, copas, partidas en las máquinas de los locales nocturnos, y alguna alegría a la vista en forma de curvas de alguna chavala, se enfrentaban a la vuelta al hogar ya sin metro y con los autobuses sólo a determinadas horas.
-¿Tenéis para un taxi? –preguntó Abadía.
Fran intentó parar uno en La Castellana. Pero aquel taxista, demostró ser un hijo de perra: parecía que iba a parar y al llegar a la altura donde nuestros amigos le esperaban echó a correr en dirección a La Cibeles.
-¡Hijo la grandísima zorrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrra! –dijo Fran y le arrojó el vaso de plástico donde había bebido su último cubata.
-¡Cálmate, tío! –le dijo Julián-. Aunque sí es cierto que me gustaría cogerlo de la pechera y darle dos hostiejas.
-Pues a echar patas –sentenció Abadía, con su habitual laconismo.
-Yo estoy molido –dijo el Grelos.
-Pues tendrás que forzar un poquito –le dijo Fran.
Por el camino encontraron a dos borrachos que no se tenían en pie, pero parecían tener muchas ganas de que les saltaran los dientes.
-¿Qué miraisss, mariconas?
Fran notó que Abadía se cabreaba y quería darle su merecido a aquellos dos truños lamentables.
-Tio, déjalos ir. Si a poco que se descuiden su ojete va a degenerar hoy en bebedero de patos –razonó nuestro héroe.
- ¡Pero estoy hasta los huevos de taxistas hijos de puta y encima que vengan los mongolos estos a dar murga!
Fran, aunque intentaba mantener la calma, también estaba molesto. De echo pensaba en tomarse una especie de poción mágica como la de Panoramix y poner las cosas en su sitio. Y más cuando a las 3:30 , al llegar a su casa, casi no tenía fuerzas. Pero cuando se dirigió a la cocina a por la cena... ¡Oh, sí! ¡Calamares en su tinta! Justo el plato con el que soñaba encontrarse. Doña Marta Palacios los habría servido de cena, y en la olla quedaban para unos dos platos. Cuando los calentó, se le hacía la boca agua pensando en que además, los chipirones son de los platos que ganan con el reposo. Y al ponerlos en la mesa con arroz blanco, Fran sentía como con cada cucharada iba recuperando las fuerzas. No es la poción mágica –pensaba-, pero servirá





Y realizador de ninguna. Era un fanático del manga y el anime
Y del oeste americano
Y basaba su vida en tres preceptos

jaimixx dijo
Me ha encantado la expresión "me gustaría cogerlo de la pechera y darle dos hostiejas"
11 Junio 2008 | 02:45 PM