De nuevo un niño feliz.
-¡Venga vamos! –dijo a las 10:00 a.m. Carolina Gordal.
-A ver como lo pasamos.
Pues es que nuestros dos protagonistas habían sido invitados por Álvaro, un cocinero ennoviado con Carol a pasar el día con él, su hermano y varios amigos más en el Parque de atracciones. El parque, según sabía Fran, había cambiado bastante desde aquellos días, no tan lejanos, en los que iba a menudo con niños de su colegio a pasar un rato los fines de semana. Seguían elTop Spin, aquella especie de columpio gigante y rotatorio en el que solía montarse,

y elReina de África, un barco en el que el suelo se movía y uno lo atravesaba a oscuras. Pero otras muchas atracciones habían desaparecido. El Looping Star, la montaña rusa con looping, y el Enterprise, una de las atracciones que más habían amenizado sus descansos entre el visionado de películas en VHS y las partidas a videoconsolas de 8y 16 bits. Fran se preguntaba como sería el parque hoy en día.
-Buenos días –le dijo Álvaro y presentó a sus acompañantes-. Poneos esto. –Y les pasó unas pulseras adhesivas que habían sustituído a las viejas calcomanías que antaño permitían el pase a todas las atracciones a lo largo del día.
-¿A dónde vamos primero? –preguntó Fran.
-¿Conoces El Abismo?
El Abismo era el nombre de una nueva montaña rusa, con una subida en vertical muy alta al principio y un descenso vertiginoso con varios rizos.

Ocupaba el lugar de la desaparecida 7 Picos, la primera montaña rusa del parque. Uno de los coches de ésta estaba a la entrada como si fuese una pieza de museo.

¡Cuántos viajes y emociones habría experimentado en la7Picos nuestro héroe! Pero al subir al Abismo, todo rastro de nostalgia y melancolía desapareció de él. ¡Era la atracción mas excitante a la que había subido! Con ella era lógica la desaparición de muchas atracciones de la infancia de nuestro héroe que habían sido superadas.
-Pues esto acaba de empezar –dijo Álvaro, y acto seguido nuestros protagonistas montaron enEl Tornado, otra montaña rusa pero en la cual el trenecito iba colgado de la vía.
Fran se sentía volar libre en El Tornado. Se sentía de nuevo como un niño feliz de 11 años. Y aún le quedaba por conocer La Lanzadera, un poste donde un asiento subía 63 metros para caer de forma controlada.

-¡Ni me he enterado! –dijo Fran al salir.
Luego atracciones nuevas, como El Tifón y La Tarántula, y al final el plato fuerte del día: El Pasaje del Terror, que se pagaba a parte. Nuestro héroe se llevó agún susto con los monstruos emboscados a lo largo de aquel pasillo. Pero lo que prevaleció fue la diversión. Al acabar el día, Fran, que ya conocía el Parque Warner, Terra mítica, Port Aventura, Eurodysney y muchos otros parques temáticos, descubrió que el viejo parque madrileño aún no tenía nada que envidiarles Sería el síndrme de Peter Pan, pero fue un día tan feliz como cuando antaño este parque se anunciaba con aquella sintonía.




Y realizador de ninguna. Era un fanático del manga y el anime
Y del oeste americano
Y basaba su vida en tres preceptos

Lidia Cervantes dijo
Eso sí que es una coctelera...
Besos
27 Junio 2008 | 06:32 PM