Ceder a la tentación.
Nuestro héroe se despertó aquel día orgulloso. A pesar de que le había costado un gran trabajo había logrado no comerse el jamón serrano que Doña Marta había traído la noche anterior. Fran llevaba mucho peso perdido y estaba decidido a perder los últimos 6 Kg que le separaban de su peso ideal. Por supuesto cada vez le tentaba más la comida, que había sido de siempre una de sus pasiones. Pero parecía empezar a llevarlo bien. Sin embargo, al buscar su leche desnatada en la cocina, se encontró una enorme bolsa de croissants que le tentaron cosa mala. Máxime cuando al lado había un paquete de mantequilla (no margarina, que repugnaba a nuestro héroe) y un frasco de miel (que prefería mil veces a cualquier mermelada). No me gusta el dulce, no me gusta el dulce, se decía Fran. Pero este mantra, aunque le alejó de los croissants y sus aditamentos, le trajo a la memoria el jamón. No es bueno para desayunar, se repetía mentalmente Fran.
Así logró pasar la mañana hasta las 12.00, pero Doña Marta trajo chorizo, lomo y queso manchego y el círculo volvió a comenzar.
-Juan, despierta –dijo nuestro héroe, a ver si el ejercicio que hacía con su hermano alejaba sus pensamientos de la comida.
-Mejor luego –contestó Juan, que la noche anterior había salido de copas.
Las dos horas siguientes fueron agónicas para Fran, sobre todo cuando Doña Marta rebeló algo más: había traído tarta de queso para el postre. ¡Tarta de queso! Eso fue más de lo que nuestro héroe pudo resistir. Cortó un pedazo, y lo comió. Lo disfrutó mientras lo saboreaba, pero al instante se sintió un cerdo. Y encima Juan, ahora ya despierto le abroncó por comerlo.



Y realizador de ninguna. Era un fanático del manga y el anime
Y del oeste americano
Y basaba su vida en tres preceptos

pemm dijo
La tentacion existe para que sucumbamos ante ella....
2 Julio 2008 | 12:02 PM