Abadía y los 20 ladrones.
Había salido nuestro héroe al La Mitad, un garito de cerca de la castellana con Jaime, Abadía, Helena y Sofía, una amiga de esta última. La Mitad como casi todas las discotecas estaba llena a rebosar los sábados por la noche, lo que convertía en una odisea cada vez que alguien se separaba del grupo. En una de esas, Fran fue al baño, y tardó casi 15 minutos en poder llegar de vuelta. Y encontró a Abadía sacando pecho, en una pose más propia del Nécora que de él.
-Lo que te has perdido, Fran –dijo Abadía cdon una voz engolada por el orgullo y el alcohol.
-¿Han venido los marcianos?
-Que ha pretendido moverme de aquí de mala manera un grupo de cómo 20 tíos y no han podido.
-¡Caray! Felicidades.
-Oye, lo dices como si no te lo creyeses. Díselo, Jaime.
-Ha ocurrido como dice –dijo Jaime, sabedor de que un Abadía empecinado en algo es un auténtico martillo pilón.
Helena y Sofía, mientras, sonreían centradas en sus bolsos y enseres. Pero eso no las libró de Abadía:
-¿Es cierto lo que cuento o no?
-¿Qué era? –preguntó Helena.
-Pero si yo creo que era por vosotras. Los 20 que han venido y los he acobardado.
-Abadía –dijo Fran-, me lo creo. No insistas.
-Es que es una historia para contarla.
-Me lo creo. Si tú te lo propones eres capaz. ¡Menudo cuando la coges con algo!
Durante todo el camino de regreso a casa Abadía no dejaba de hablar de aquello. Insistía en que era una historia que merecía contarse.
-De acuerdo –dijo Fran-, Abadía y los 20 ladrones, la titularé pero cállate ya.



Y realizador de ninguna. Era un fanático del manga y el anime
Y del oeste americano
Y basaba su vida en tres preceptos

aereon dijo
Jajajajjajaj, si es que venía que ni pintado. Si es que hay algunos que cuando les da por hablar de lo mismo, no hay quien los calle.
20 Agosto 2008 | 06:40 PM