Entre dolor y frivolidad.
La familia Gordal no daba crédito a su televisor. Madrid había vuelto a teñirse de tragedia como aquel infame día , el 11 de marzo de 2004. Esta vez, fue el 21 de agosto de 2008.
-Al menos esta vez nadie lo ha provocado –decía Fran.
Y así era. Esta vez fue un trágico accidente. Pero casi empató en muertos con aquella salvajada: 152 en el momento y alguno más en los días siguientes. Por las televisiones no dejaban de pasar imágenes de tragedias aéreas, de ambulancias recogiendo lo que podían... Era difícil abstraerse de tanto dolor. Y encima, si uno lo intentaba cuando se hartaba de muertos, de sangre, de sufrimiento, se sentía un frívolo y un hijo de perra. Fran intentaba leer, seguir los últimos días de los juegos olímpicos... No era posible. Nadie podía distraerse de aquello.
-Hijo, ponga lo que ponga en la radio no hablan de otra cosa –decia Doña Marta-. Incluso Manolo Lama estaba discutiendo con los de su programa si hoy procedía o no hablar de pruebas deportivas.
-Y el COI no ha dejado a nuestros atletas mostrar nada que aluda al accidente –dijo fran y casi lloró al sentirse estúpido prestando más atención a aquello que al drama de más de centenar y medio de familias
-A mí también me pasa, hijo. Uno acaba cansándose.
-Pero justo lo que más necesita ahora esta gente, dicen que es ser escuchados.
-Eso tendrá que hacerlo un psicólogo, hijo.
Y así, ni cuando la delegación española con 18 medallas logró su segunda mejor marca de la historia, y los deportistas se las ingeniaban para llevar crespones negros sin violar las normas del COI uno podía olvidar el drama.
-Es que es una situación muy desagradable, hijo –sentenció Doña Marta-. Hagas lo que hagas te sentirás desbordado.




Y realizador de ninguna. Era un fanático del manga y el anime
Y del oeste americano
Y basaba su vida en tres preceptos

jaimixx dijo
Son momentos en los que uno ve lo que realmente importa
25 Agosto 2008 | 11:45 AM