El clavel.
Nuestro protagonista buscaba una jarra para preparar un desayuno. Por fin la encontró, pero Doña Marta palacios le reprendió:
-No toques eso, que lo necesito para mi clavel.
-¿El clavel? ¿Todavía sigues con eso? ¡Si ya debe estar más mustio que la mojama!
A Doña Marta le habían dado ese clavel en el instituto con buena intención, pero Fran ya no recordaba ni el motivo. Desde entonces la citada flor estaba dando tumbos por la casa, y Doña marta la ponía en una de las jarritas de desayuno. Y no dejaba que nadie la tocase.
-¡No sé qué tenéis todos contra el pobre clavel! ¡Todos queréis tirarlo!
-Mamá, ponlo en un florero al menos, yo quiero desayunar.
-Pues usa otra jarra.
Y es que a veces, el comportamiento de Doña Marta respecto al clavel hacía desear que se secara de una vez y dejase de dar tumbos.
-Mamá, si fuese una planta en su tiesto bien cuidada lo comprendería, pero es un floripondio mal puesto en una jarra que no hace más que molestar.
Fran miraba con recelo la flor, alicaída y seca, y pensaba en tirarlo a la basura cuando Doña Marta no lo viese. Pero esta le dio un dato que cambió su pensamiento:
-Es un regalo de mis alumnos y para mí es muy importante.
Fran supuso que para un maestro debía ser muy reconfortante que los padawan le mostrasen aprecio. Pero eso no evitó un última apostilla:
-De acuerdo, pero búscale un florero.




Y realizador de ninguna. Era un fanático del manga y el anime
Y del oeste americano
Y basaba su vida en tres preceptos

golosinas dijo
mi madre es igual con las flores... no se que hace con ellas, que le dura una eternidad!
un saludito.
20 Octubre 2008 | 03:15