La adicción de Juan.
-Buenos días, Juan -dijo Fran a su hermano recién levantado.
-Baja y tráeme Respir -respondió éste.

-¡¿Otra vez ?! Te traje anteayer.
-Tráemelo, que tengo la nariz taponada.
-¿Pero cómo es que ya no tienes? Y no es la primera vez. Sales a un spray cada tres días.
-¿Qué mas da? Tráemelo, que si no, no respìro bien.
Fran bajó y subió el spray. Pero no dejaba de pensar en cómo sería posible que su hermano consumiese tal cantidad de descongestivo nasal. Daba igual la época: en invierno, en verano, frío, calor...
-Gracias, Fran, esto es otra cosa.
-Pero a lo que íbamos... ¿Tú no tendrás alergia o algo similar?
-No, no se me hincha la cara ni estornudo, ni...
-Pues sólo se me ocurre una respuesta posible: eres adicto al Respir.
-No, lo necesito porque se me tapa la nariz.
-Me da igual por lo que sea si no tuviese que traértelo cada tres días.
En lo que quedaba de día, Fran vio a su hermano despejarse la nariz mientras veía una película en la tele, mientras se compraba un tebeo, mientrashacía sus ejercicios... Y le propuso una cosa:
-Mira, son las 8:00 de la tarde. Si eres capaz de estar sin Respir hasta las 8:00 p.m. de pasado mañana, te doy diez euros.
-¡Trato hecho!
Contra todo pronóstico, Juan aguantó.
-Toma los diez euros -dijo Fran.
Pero Juan cambió el trato:
-Mejor vete a la farmacia de la esquina que está de guardia, y tráeme Respir.
-Está claro, eres un puto yonqui.




Y realizador de ninguna. Era un fanático del manga y el anime
Y del oeste americano
Y basaba su vida en tres preceptos
