El trabajo de Carolina.
-¡Por fin, lo conseguí! -dijo Carolina tras aquella llamada.
-¿Te han dado trabajo?
-Sí, tengo que buscar rutas para vender cosméticos.
-¿Cómo?
-Con el Google Earth.

-Bueno, pues estando la cosa como está, tener trabajo no es poco.
-Espérate que no sean unos cerdos como en otros en que he estado.
Aquello enfrió el ánimo de nuestro protagonista. Es cierto que su hermana había tenido que salir de más de un trabajo por discrepancias con sus compañeros. Pero al siguiente día, cuando salía del trabajo, Carolina llamó desde casa de Alvarito:
-Son muy amanerados, pero buena gente.
-¿Entonces estás definitivamente contenta?
-Sí, pero necesito algo cuando llegue mañana
-¿Qué vas a querer?
-Que me compres un bollo.
-¡Anda ya, si ahora tienes ingresos, y aun sin ellos tenías más dinero que yo!
-Tengo que celebrar el conseguir trabajo.
-¡Lo que tienes es más cuento que el Gato con botas!
Pero una vez más Carolina lo iba a conseguir. Doña Marta intervino:
-Fran, si no le compras tú el bollo, lo haré yo.
-Pero mamá, si puede comprárselo ella. Tú misma has sabido de que iba el asunto sin que te dijera nada.
-Es mi hija y yo se lo traeré.
-Con trabjo o sin el hay cosas que no cambian.


Y realizador de ninguna. Era un fanático del manga y el anime
Y del oeste americano
Y basaba su vida en tres preceptos
