El día de pueblo de Juan.
-Bueno, que lo pases bien -le deseó Fran a Juan.
-Joder, Voy a comer bien, a bañarme en la piscina, a ver el uno de los impresos más antiguos de España...
El mayor de los dos hermanos tenía muchas ilusiones puestas en aquel viaje. Iba a ir a cierto pueblo palentino, con unos compañeros de la facultad. Desde luego, tal como lo había concebido, el viaje era apetecible. Sin embargo, Fran tenía cierto resquemor.

-¡Qué alegría me da verle salir!-dijo Doña Marta.
-Sí, pero es Juan. El tío que no quiere salir de madrid así lo maten y que si sale vuelve poco menos que llorando.
-Pero esta vez se ha ido contento.
-Pero ya le conoces.
Al mediodía, Doña Marta esperaba una llamada de Juan. Porque esa es otra. Juan no quería un móvil ni regalado, y no llamaba a casa aunque se lo pidiesen.
-¡¿No le habrá pasado nada?! -decía Doña Marta, cada vez más nerviosa.
-Mamá, ya tiene pelitos.
Fran no estaba preocupado, pero sospechaba que su hermano debía estar deseando volver a casa. Así pasó todo el día, y a las 4 de la madrugada, Juan volvió.
-¡Joder, qué horror! El pueblo era diminuto, el asado estaba malo, es documento era de curas...

-Hijo podrías haber llamado.
-A ver si se come algo porque allí no ha habido manera.
Fran le llevó a la nevera y le indicó lo que había.
-¡Cómo conoces a tu hermano! -exclamó Doña Marta.
- Y tú también, mamá, pero no aplicas lo que sabes de él.

Y realizador de ninguna. Era un fanático del manga y el anime
Y del oeste americano
Y basaba su vida en tres preceptos
