La imbecilidad como arte.
-¿Qué tal ha ido el papeleo ese? -preguntó Fran a Doña Marta Palacios.
-Pues bien, pero a la salida he visto una cosa que me ha dejado atónita. Un espectáculo, por lo visto organizado por el ayuntamiento, de unos payasos haciendo tonterías. Y los críos, que teóricamente eran el público, lo veían aburridísimos.
- Siempre lo digo, los payasos no le gustan a nadie. No sé porque existen. Los adultos los justifican diciendo que son para críos, y los críos se aburren con ellos. Cuando yo era pequeño, es que no los tragaba, y encima la tele, el colegio, o incluso vosotros mismos, mi familia os empeñabais en que era lo que debía ver.
Y es que Fran siempre había defendido esas tesis. Digan lo que digan, ningún crío disfruta cuando un mongolo con la cara pintada le pega cuatro gritos con la voz engolada. Antes al contrario, algunos lloran. Pero el colmo, es que ahora algunos de esos aficionados pedantes a la escenografía, las performances, etc, reivindicaba el Clown, como ellos decían, como la mejor modalidad escénica. Doña Marta también lo había visto.
-Pues ahora hay quien paga una burrada en cursos para aprender a hacer el payaso.
-Y atenta, mamá, a la expresión que has usado: hacer el payaso. Lo que siempre se ha usado como sinónimo de estupidez, de ridiculez.
-Pero a mi madre le encantaban.
-Mira, la pobre abuela era una mujer de una época y un lugar determinados, pero yo no la imagino soportando dos horas eso.
-Entonces, para ti los payasos son una cosa estúpida.
-Al mismo concepto me remito: payaso. Uno de los insultos que más jode oír.




Y realizador de ninguna. Era un fanático del manga y el anime
Y del oeste americano
Y basaba su vida en tres preceptos

selenedenebulae dijo
Yo tampoco soporto a los payasos, porque me parecen patéticos, Y reirme de algo patético... como que no.
Muchos besos.
27 Octubre 2009 | 04:57 PM