El reptil.
-Juan, es la hora. ¿Te vas a levantar a hacer los ejercicios? -preguntó Fran
-Gññññññññ -fue toda la respuesta.
Así, pues, Fran pensó que su hyermano no se levantaría, y comenzó a hacer los ejercicios él solo. Pero media hora más tarde...
-¡Míralo, poniendo chepa! Por eso no me ha esperado.
-¿Tú no te cansas de estar de mala hostia?
-Me dan ganas de darte de patadas, me has jodido el día, por no levantarme.
-¡Pero si te he ido a buscar! Busca cuestión por otro lado.
-¡Por ganar media me has jodido los planes de al menos tres horas completas!
Fran hubiese podido contestar muchas cosas, como que nadie impidió a Juan levantarse media hora antes, que ese tiempo de sueño ni ponía ni quitaba... Pero no hubiese servido de nada Juan ya estaba encendido y echándole en cara su actuación en miles de temas: oposiciones, clases de conducir... el tío que todo lo sabía sin haber movido jamás un dedo. Cuando Doña Marta Palacios volvió a casa, Fran se estaba duchando.
-¿Tú no haces la gimnasia? -preguntó a Juan.
-El mongolo este que no hace nada bien, que lleva meses con opos y carnet de conducir, me ha jodido.
Doña marta que conocía a Juan comprendió, pero Fran añadía un desencuentro más a su historia de hermandad con Juan.
-Por la mañana eres como un reptil. Te tumbas a hibernar y no hay manera. Y encima te cabreas.

Y realizador de ninguna. Era un fanático del manga y el anime
Y del oeste americano
Y basaba su vida en tres preceptos
