La palabra mágica.
-Claro, venís en el último momento, y así estamos, colapsados. Lo podrías haber hecho hace meses -dijo, como haciendo un favor personal aquel dependiente de telefonía.
-O ahora si tú no fueses un inútil -le respondió Fran
El Ministerio de Interior, en una medida tan absurda y exagerada como inútil, había decidido registrar todas las tarjetas de telefonía móvil. Al parecer, habían avisado con tiempo, pero Fran sólo se había enterado en la última semana. Cuando el sábado fue a registrar el móvil, la aplicación informática, en un alarde de eficacia, se había colgado. Y encima, se había encontrado con dependientes bastante bordes. Pero debía registrar el móvil o lo perdería.
-Joder, macho. Vale que el cuelgue no sea culpa tuya, pero algo podrás hacer.
-Eres bastante corto. ¿No te hedicho que la aplicación no funciona? No me extraña que hayas dejado esto para ahora.
-Mira, le vas a faltar al respeto a quien se deje. Así, ya harás clientes, ya.
En un último intento, Fran probó en El Corte Inglés. La chica de allí fue más amable:
-Se ha caído, pero puedo tomarte los datos y se los mandamos a Viodafone.
-Muchas gracias, túa has sido más amable que otros. Si pudiese te invitaba a una copa.
Y así, nuestro héroe volvió a casa satisfecho, pero al día siguiente, de pùra casualidad notó que no tenía línea.
-¡Me caqgo en la leche! ¡Ya decía yo que había sido demasiado fácil!
Fran comenzó un nuevo periplo por las tiendas de telefonía.
-Tendrías que haberlo registrado -dijo el dependiente-. Ahora no vengas a llorar.
Fran perdió la calma.
-Mira, mongolo, o me arreglas el problema, o te he tomado el nombre de la chaqueta y le digo a tu jefe que has perdido un cliente.
-Sí, sí, ahora mismo.
El dependiente lo hizo con una presteza ejemplar y de forma muy servicial. Parece que hay gente con la que es inútil ir de buenas. Hay que ponerse borde para que te atiendan. Y es triste tener que desenvainar el cuchillo con tanta frecuencia.


Y realizador de ninguna. Era un fanático del manga y el anime
Y del oeste americano
Y basaba su vida en tres preceptos
