El tubo.
-Bueno, aquí os dejo las ratillas -dijo Carolina el día en que se fue de viaje a Madeira.
-Son casi tan grandes como Diez -dijo Fran-. Las cuidaremos.

Aquellas dos hembras de gerbo las había comprado Carolina hacía poco. Estaba orgullosísima de ellas. Desde que se había ido con Alvarito echaba de menos a Diez, y finalmente se había decidido a llevarse allí una mascota. Ahora Fran debía cuidarlas, pero en realidad quien más celo ponía en ello era Doña Marta Palacios.
-Voy a cambiarles la jaula. Cuídalas y no las sueltes que corren mucho -le dijo a Fran.
-Déjame verlas -dijo Juan.
Una descoordinación de los dos hermanos permitió que se soltaran, y una de ellas echó a correr. Tras un cuarto de hora de remover toda la casa, la encontraron debajo de un sillón.
-No están a gusto en la jaula -dijo Juan-. Ya ves que están hechas para correr.
-Les compraré una más grande -respondió Doña Marta-.
-Tampoco allí estarán bien -dijo Juan.
No obstante, Doña marta lo hizo, y vino con una jaula enorme con un accesorio que llamó la atención de ambos hermanos: un tubo que salía de la jaula por un agujero, la rodeaba y volvía a entrar por otro agujero en el otro lado.
-Y parece que les gusta dijo Doña Marta. Han entrado en él en seguida.
Más de 45 minutos después Fran volvió a pasar y seguían correteando dentro del tubo.
-Debe recordarles a su madriguera -dijo Fran.
-Es sorprendente -dijo Juan-. No querían más espacio sino un sitio más estrecho.
-Es que son ratas, no personas.



Y realizador de ninguna. Era un fanático del manga y el anime
Y del oeste americano
Y basaba su vida en tres preceptos
