La torta carnavalera.
-Ya era hora –dijo Fran a Doña Marta-. ¿Dónde te habías metido? -Hijo, estaba comprando una torta carnavalera.
Quizá ya conozcan ustedes esta aberración. Hace como cinco años a algún repostero se le ocurrió inventar un dulce para carnaval, consistente en un hojaldre cubierto de merengue y con guindas. Doña Marta disfrutaba mucho con este dulce pero Fran y Juan, la verdad, la soportaban más bien poco.
-Mamá, coño, ya sabes que creemos que es la peor tarta, o bollo, o lo que cojones sea que hemos probado. - Vamos, así que ni esto me agradeceis. -Mira, mamá, tráete una tarta si quieres, pero esto no hay Cristo que lo trague. -Bueno, hijos pues me habeis dejado planchada.
Juan vio a su madre abatida y actuó en consecuencia:
-Yo quiero un pedazo, mamá.
Fran se sentía como un hijo de puta viendo a su hermano tragarse aquello, y él habiendo hecho llorar a su madre.
-Bueno, yo también quiero.
Haciendo un gran sacrificio, Fran se tragó aquella porción, era horrible, pero se alegró mucho cuando Doña Marta dijo:
-Ay que alegría compartir algo con vosotros. -Está muy bueno mamá. -Sí, el año que viene traeré más. -Mamá, no hay que pasarse. -Pero si os la habéis comido. Nunca os faltará.
Y Fran volvió a comprobar como las buenas intenciones a veces te traen disgustos.





Y realizador de ninguna. Era un fanático del manga y el anime
Y del oeste americano
Y basaba su vida en tres preceptos

the-king-abandon dijo
jajaja y es cierto, muchas veces hacemos algo por hacer sonreír a alguien y sale la jugada mal. Un abrazo crack!
16 Febrero 2010 | 12:28 PM