Mamoncín.
Aquel día iban Juan y Fran Gordal sacando a Diez, y recordando a la única mascota de las que habían tenido de la cual no guardaban buen recuerdo.
-Menudo cabrón era Dieguito, ¿eh?
-Ya ves, para tener otro gato.
Pero entonces Diez encontró algo en un soportal. Era un cachorro de gato que se arrastraba doliéndose de la pata trasera derecha. Sin embrago reaccionó a zarpazos cuando Diez se le acercó.
-Pobre bicho, mira qué carilla tiene -dijo Fran.
-No podemos dejarlo ahí. Hay un veterinario cerca de aquí. Vamos a llevarlo.
Los dos hermanos se las vieron y desearon para sacar al felino de aquel soportal. Se defendía a arañazos, bufaba, intentaba escapar a saltos aunque su pata herida se lo impedía... Pero seguía siendo un gatito herido. Finalmente, tras algunos arañazos y mordiscos, lograron atraparlo, y lo envolvieron en una camiseta. Curiosamente, una vez en las manos de nuestros protagonistas se calmó. Pero la respuesta de los veterinarios dejó helados a los hermanos:

-Podemos mirarle, pero os cobraremos consulta.
-¿Y no se lo pueden quedar?
-No, llamen a estos teléfonos.
Les dieron un papel con varios teléfonos y direcciones electrónicas, entre ellos el de El Refugio. Pero estaban fuera de hora.
-¡Hay que joderse! Nadie mueve un dedo por este bicho -se lamentaba Fran
Pero una chica se les acercó.
-Pobrecito, yo me lo quedaría, pero ya tengo dos. Pero creo que tiene sed, tomad un vaso de agua para él.
-¿No te lo puedes quedar tú? Nosotros ya estamos muy liados -dijo Juan mientras le administraba el agua.
-Acabaremos con el bicho en casa, verás -dijo Fran.
-No, una cosa es ayudar a un cachorro herido, pero no podemos repetir lo de Dieguito. A la tía Maria Cristina le daría algo.
-Oye, tengo una idea. ¿No hay en el Retiro un sitio lleno de gatos donde les llevan unas señoras comida y agua?
-¡Claro! Buena idea, pero me preocupa cómo cure la pata. Bueno, se lo diremos a las señoras y a ver que hacen.
Pero el animal mostró él mismo su vitalidad escapándose en aquel lugar, y refugiándose en una tubería abandonada. Encontró el comedero donde esas mujeres los alimentaban, y tras comer y beber se echó.
-Pobre bicho, estaba agotado.
-Pero creo que se repondrá.
-En cierto modo, volvemos a tener un gato.
-Y no creo que en estas condiciones nos de tantas dificultades como Dieguito, el muy mamón
-Le lamaremos así, Mamoncín.





Y realizador de ninguna. Era un fanático del manga y el anime
Y del oeste americano
Y basaba su vida en tres preceptos

Lidia Cervantes dijo
Ja ja ja... por un momento pensé que el del pollo frito había hecho alguna nueva... pero no; se trata de la vieja disyuntiva... sí, los salvamos a todos pero, luego qué hacemos con ellos.
Con los veterináros, ya ni opino, como encuentren a alguien a quien encasquetarle la factura... se olvidan de su juramento hipocrático (que digo yo que también lo harán ¿No?) La unica salida que te dejan es, dejarles los animalitos enfermos en una canastita en la puerta, somo hacían antiguamente con los niños en los hospicios, y encomendarte a su humanidad...
En fin, esperemos que el gatito se recupere.
Un beso y buena semana.
6 Septiembre 2010 | 12:01 PM