Juan y los cardos
-Fran, mira a esa chica de la esquina, qué mona -dijo Juan Gordal en aquella cafetería.
-¿Cuál? ¿La morena de los ojos verdes?
-No, hombre. La de las gafitas y el flequillo.
-¿Y la nariz ganchuda?
-Sí.
-¿Y tan delgada y pálida que parece que esté enferma?
-Sí. Me la llevaría con un gusto...
-¡Juan! ¡Esa tía es lo que se dice un cardo borriquero!

-Lo que pasa es que tienes un concepto, común a muchos tíos, que solo te molan las que van de explosivillas.
-Lo que pasa es que a ti te gustan los cardos. Vamos a ver, no me considero un seguidor de estereotipos. La descripción que he dado del pibón que está con ella, la morena de ojos verdes, encajaría con Yola Berrocal, por ejemplo. Y las hay con gafitas o pálidas muy monas. Pero eso es como coger el modelo de esqueleto de mujer de la facultad de medicina, ponerle una gafas, un pico postizo y una peluca. Y tampoco me malinterpretes por otro lado, no dudo que igual la conoces y es encantadora y tiene un corazón de oro. Pero lo que tú me has dicho es que entra por los ojos, y no, no entra.
-La mayoría de los tíos no apreciais a chicas como esa.
-Mira Juan. Te digo que igual es adorable y encantadora, pero no me vengas con que entra por los ojos.
-¡Qué manía con las curvas tenéis!

Esta conversación la habían tenido miles de veces nuestros dos protagonistas. Juan, por alguna razón, prefería las mujeres que cualquier hombre dejaría aparte. En cambio Fran le había visto desechar auténticos monumentos al género femenino...¡Por encontrarlas gordas solo por tener curvas!
-¿Pero entonces, si eres guapo, cachitas y te gusta lo que nadie quiere, por que no metes? -prosiguó Fran con la conversación.
-Porque yo solo gusto a las explosivas, a rubias como las holandesas que pillamos en Noja.
-¡Coño, pues avísame y déjamelas!
-Mira, voy a entrar a la de las gafitas.
-Ahora se las ha quitado ¡Y mandan cojones, es aún más fea sin ellas!

Fran observó como en dos minutos aquello despachaba a su hermano. Este vino cabizbajo. Le había despreciado de forma muy hirinte.
-O sea que encima es borde. ¡Hay que joderse!
-Vámonos, anda. No hay forma de que yo meta.
En esto que una rubia muy guapa le pidió fuego a Juan. Este le encendió el cigarro.
-¿Por qué no te vienes a la barra conmigo? Le dijo agarrándole del brazo.
-Lo siento, pero no estoy de humor. Ahora no.
-¡Coño, habérmela presentado! -dijo Fran
-Eso, encima culpadme todos por no presentároslas. Siempre que salgo con mis amigos igual. No me entendéis.
-No, la verdad es que no. Vete a una plantación de cardos si son lo que te gustan.




Y realizador de ninguna. Era un fanático del manga y el anime
Y del oeste americano
Y basaba su vida en tres preceptos
