Doña Marta y los años.
Telefónica le informa de que actualmente no existe ninguna línea en servicio con esa numeración
. Una vez más Fran se encontraba con este mensaje cuando intentaba hablar con el Grelos, que junto a su querida Isabel se había marchado a probar fortuna en Londres como hiciese nuestro héroe cinco años atrás. Fran sólo había recibido un mensaje de él desde su llegada a Londres con un número de remitente que según telefónica no existía. Y cuatro días llevaba sin poder comunicarse con su amigo. Pero esto le hizo descubrir algo preocupante sobre su madre.
-No puede haberle ocurrido nada, Fran. No sufras -le decía Doña Marta Palacios.
-Si no sufro por él, el Grelos tiene un don de gentes inaudito. Lo que me cabrea es que en pleno siglo XXI no pueda uno tener una comunicación normal con su amigo entre dos países del primer mundo.
-Si ya os digo yo que esos cacharros no sirven de nada. Tanto móvil y tanta maquinita.

-Mamá, no me vengas con comentarios de señora muy mayor.
-¿Pero has podido hablar con él o no? Antes la persona de viaje llamaba y tan panchos. Mira ahora qué lioso es todo.
-Mamá, hace cinco años yo estuve en comunicación constante con Madrid para lo que fuese, y creo que no hago mal esperando lo mismo ahora.
-¿Y por que no llama el aquí a casa y punto?
-Mamá, él me ha mandado un mensaje...
-Con el que todo se pierde. Con lo sencillo que era llamar antes a los sitios y escribir cartas tenéis que meter ordenadores y otras chorradas superfluas.
-¡Claro! ¡Y por qué habrá ido en avión si hubiese llegado de maravilla en barco de vela! Mamá, me preocupa que empieces a decir cosas de esas.

-Si es que yo entiendo a mis padres, que se quejaban de la tele e color y otros aparatos. Todo se complica.
Y Fran comprendió que su madre empezaba a comportarse como las ancianas retrógradas. Eso le dejó preocupado. Y más la despedida de Doña Marta:
-Adiós, me voy a oír serenatas, que hay un recital en la iglesia



Y realizador de ninguna. Era un fanático del manga y el anime
Y del oeste americano
Y basaba su vida en tres preceptos
