Marcelo y la casquería.
-¿Cómo puedes comer eso? -preguntó con mueca de asco Marcelo a nuestro héroe.
-Lengua de ternera, bien buena que está -dijo Fran-. Si te dejases de prejuicios estúpidos, verías que la casquería en general está de puta madre.
La verdad es que, cambiando de interlocutor, esta era una conversación a la que nuestro héroe estaba acostumbrado. A oír que el hígado, el corazón, los callos, los riñones... eran tripas y por tanto repugnantes. De nada valía que el respondiese que la casquería tiene tantas proteínas como la carne normal, más hierro y magnesio, más vitaminas, casi nada de grasa...¡Y lo más importante, que bien preparada está de puta madre! ¿Quién se resiste a unos callos? Pues por increíble que parezca mucha gente.
-Seguro que tú invitas a las tías a cenar vísceras, y claro te mandan a... -dijo Marcelo.
-Las tías no están ahora en cuestión. Pero claro que una tía con dos dedos de frente tomaría una barqueta de riñones con tomate.
-Espera, que preguntaré a las de esa mesa.
Fran observó cómo Marcelo las invitaba a "cenar vísceras y tripas sangrientas" (sic) y cómo ellas le mandaban donde suelen mandar las chicas a los borrachos pesados.
-¿Ves? No puedes comer eso y pretender follar.
-Hombre, con el porte señorial que ahora mismo tienes y diciéndolo como lo has dicho, pues claro. ¿Por qué no has dicho que se vengan a comer cojones de toro?
-¿Criadillas? ¡No me jodas que también tragas eso!
-Pues están buenas.
-¡Jua, juaa! ¡Mi amigo come cojones, jua,jua, jua!
Marcelo continuó con sus gritos y risas de borracho hasta que los echaron del local. Y luego en la calle, en el portal de su casa...
-Bueno -dijo finalmente-, reconozco que me he puesto un poco imbécil, pero recuerda que no follarás si comes eso.
-Por supuesto, en cambio tu delicado paladar y tu aún más delicado sentido del humor seguro que las vuelve locas.




Y realizador de ninguna. Era un fanático del manga y el anime
Y del oeste americano
Y basaba su vida en tres preceptos
