Y el manga se hizo real.
Aquel día Fran encendió la tele. Era sábado, así que habría dibujos de Anime. Y al desayunar observó una escena de Akira, o algún manga de tema apocalíptico. Un pueblo japonés destrozado, con los coches amontonados unos encima de otros. Las casa derruidas. Helicópteros rescatando gente. Incluso unos militares desbordados, tratando de impedir un accidente nuclear que trajese a Godzilla o algo peor. Pero cuando el café terminó de espabilarlo, cayó en algo: ¡No eran dibujos Manga, era imagen real! Y el canal donde lo veía era el 24H. Sí, en efecto, nuestro héroe se desayunaba con las imágenes del devastador tsunami que había barrido el país donde se habían producido tantas horas de diversión para él, y que era famoso por su preparación ante catástrofes naturales, entre otros motivos. Pero la naturaleza esta vez había doblegado a la ingeniería humana, y demostrado que en pleno siglo XXI, en sociedades avanzadas, la naturaleza aún es superior al hombre, y lo será siempre. En todo caso, -reflexionó Fran-, éste es un Manga que no hubiese querido ver.



Y realizador de ninguna. Era un fanático del manga y el anime
Y del oeste americano
Y basaba su vida en tres preceptos
