Doña Marta y su anturio.
-¡A ver! ¡¿Quién ha roto al anturio la hoja que le estaba saliendo?! -gritó Doña Marta Palacios presa de la ira.
-Joder mamá -respondió Fran-. Te pasas la vida gritando por la mierda´l anturio. Si lo llegamos a saber te compramos otra cosa.
Desde que la planta estaba en la casa, cada vez que Doña Marta la ponía al sol sobre la mesa del comedor se desencadenaba una riña similar. El motivo era que según ella, cuando Fran o Juan ponían la mesa, y trasladaban el vegetal, éste se tronchaba.
-¡No hay derecho a que tenía una hoja nueva preciosa y os la hayáis cargado!
-Joder, pues hazte cargo tú de él -dijo Juan.
-Si ya lo intento. Ya le he buscado un sitio y... ¡Fran!
-¡Coño, que susto me has dado mamá! ¿Qué pasa?
-Que tengas más cuidado, que lo has rozado con el codo.
-Bueno, pues llévalo donde quieras
Doña Marta cogió la maceta, y la llevó a su habitación, donde la puso sobre la mesilla de noche. Todo parecía haber acabado, pero después de la comida, Doña Marta fue a por ella y...
-¡Os matoooooooooooooooo! ¿Quién le ha roto el brote del otro lado?
-Mamá, tu tensión no puede resistir estar siempre cabreada. Te lo has llevado tú. ¿Recuerdas?
-Y hasta mi cuarto tenéis que venir a destrozarlo, desgraciados, porque es un ser vivo indefenso...
-Indefenso o no, lo vamos a tirar, porque te crea una agresividad inusitada -sentenció Fran




Y realizador de ninguna. Era un fanático del manga y el anime
Y del oeste americano
Y basaba su vida en tres preceptos
