Los que nadie ve en La Vuelta.
-¡Vamos, machote! ¡Ya casi has acabado! -gritaba Fran a aquel ciclista no identificado que venía con la cara desencajada.
-Pobrecillos -remachó la tía María Cristina-. Suponte subir esta cuesta encima esprintando y corriendo.
En esa ocasión la tía María Cristina había acertado. En lugar de invitar a nuestro héroe a conciertos de Jazz, peregrinaciones o cosas similares, lo había invitado a la llegada de la octava etapa de la Vuelta Ciclista a España, en una cuesta muy empinada de San Lorenzo del Escorial, en la calle Cañada Nueva. A nadie se le escapaba la dureza del deporte de las dos ruedas, pero aquella cuesta tenía una pendiente que impresionó a Fran durante el último kilómetro y no era ni de lejos lo peor que se encontraban los ciclistas. Nuestro héroe se estremeció pensando lo que debía suponer subir el Tourmalet, y al ver que en la tele se presta atención al ganador y al grupo de cabeza, pero cuando la etapa no es llana, una enorme cantidad de ellos se quedan colgadosy hacen n esfuerzo muy penoso para terminar la etapa.
-Y de estos nadie se acordará -sugirió al verles apretar los dientes durante la última cuesta.
-Ya, El Purito Rodríguez, que ha ganado se lleva toda la gloria.
-Pues mira, yo había visto varias veces la llegada a Madrid, pero allí llega el pelotón agrupado y en llano. Me algro de ver esto, y ello incrementa mi admiración por esta gente.
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Y realizador de ninguna. Era un fanático del manga y el anime
Y del oeste americano
Y basaba su vida en tres preceptos
