Diez manda sobre Abadía.
-Parece que no se entera de nada -dijo Abadía sobre Diez.
-Ya, pero sigue siendo mi perro. No te metas con él.
-No, hombre. Pero en serio, ¿cómo os decidisteis por él? ¿Cómo lo encontrasteis?
-Lo pillamos del refugio. Estaba desnutrido y lleno de garrapatas en una carretera.
-¿Seguro que no era al revés? ¿no estaba él agarrado a la garrapata?

Aquí Diez perdió su calma. Como si comprendiese la broma de Abadía, empezó a ladrarle, con los ojos más amenazadores que podía poner el animal de 5 kilos.
-¿Has visto? Sí se entera de las cosas.
Abadía miró al perro sorprendido. Ëste no había dejado de ladrarle y mirarle de aquel modo.
-Hay que reconocer que tiene cojones -dijo Abadía-. Con su tamaño y aspecto no se achanta.
-Yo creo que no es eso, pero no va a dejarte en paz si no te disculpas. Pídele perdón.
-¿Qué?
-Que te disculpes.
Abadía se tragó su orgullo y lo hizo. Diez se sentó y se calmó.
-¿Has visto? Manda más que tú -sentenció Fran.




Y realizador de ninguna. Era un fanático del manga y el anime
Y del oeste americano
Y basaba su vida en tres preceptos
