Carolina, Diez y el agua.
Aquel día, Carolina Gordal volvió a casa a comerFran le había preparado un plato a su gusto y recogido la casa para ella. Así que cuando le abrió la puerta creía que todo estaba bien.
-Buenos días, Cárol. ¿Qué tal el trabajo?
-Ay hijo es horrible porque no hace más que insultarme la gente y... ¿y Diez?
-Con Juan.
-¿Tiene agua?
-Le he servido esta mañana.
Cárol echó un ojo a su bebedero.

-¡No, no la yiene! ¿lo quereis matar de sed!
-Cárol se lo habrá bebido. Ningún perro tiene absoilutamente siempre lleno el bebedero, y está ahora con Juan. No necesita agua
-¿Cómo que no la necesita? -dijo Cárol rompiendo a llorar-. Lo que pasa es que odiáis a mi perro.
-Cárol, hacía tiempo que había olvidado esto. Te digo que le he puesto agua esta mañana. Que se la haya bebido es otra cosa.
-Pues te advierto que os pienso controlar todos los días a todas horas par que le deis agua.
-De acuerdo, empieza
Fran se lo tomó a risa, pero cuando aquella tarde volvió, Doña Marta Palacios le dio noticias sobre Cárol:
-¿Qué le pasa a tu hermana que ha llamado tres veces desde el trabajo preguntando por Diez y su agua?
-¡No me digas que ha cumplido su amenaza!
-Sí, insiste en que no le damos agua, que matamos a su perro...
-Joder, desde que se había ido no recordaba sus obsesiones paranoicas.
En aquel momento el teléfono sonó. Fran lo cogió:
-¿Diga?
-¿Diez tiene agua? -preguntó cárol desde el otro lado.
-Sí, la tiene.
-No me fío, sírvele, y pon el teléfono de modo que oiga caer el agua.
-Cárol no puedo hacerlo porque el bebedero está lleno a rebosar.
-¡No es verdad! Queréis matarlo de sed.
-Cárol, tu jefe te va a llamar la atención si haces esto en el trabajo.
-Eso, encima por vuestra culpa me van a echar.
-No, por culpa de tu obsesión enfermiza te van a echar.
-Me da igual, mi jefe es un mierda, pero mi perrito tiene que beber.




Y realizador de ninguna. Era un fanático del manga y el anime
Y del oeste americano
Y basaba su vida en tres preceptos
