El día en que Julián cmbió de opinión.
-No sé cómo te gusta eso, si es como dice mi hermana de señores Jubilados -decía nuestro héroe a Julián.
-Porque he llegado a ganar 100 pavos ahí, en el casino.
-Mira tío, la vez que yo estuve era la leche. Una sangría económica tremenda, y además, aburrido como ello solito.
-Que no, que te digo que yo gano.
-Hasta el día en que te metan la puñalada. ¿No has visto las pelis de gansters? Te dejan ganar lo suficinte para engancharte y desplumarte luego.
Esta conversación era últimamente habitual en los encuentros de ambos amigos. Julián había descubierto el casino por pura casualidad una vez que acompañó a sus padres a una gestión. Y desde entonces, cada fin de semana que no sabía qué hacer acababa allí, y juraba y perjuraba que conseguía sacar provecho. Fran le acompañó en cierta ocasión, logrando la pérdida de 40 euros, y un aburrimiento indescriptible.
-¿Y tu viejo qué opina de esto?
-Le paree estupendo, si él fue quien me llevó.
-Ya verás cómo un día cambia de parecer.
-¿Por qué lo dices?
Pocas semanas después, tuvo Julián la respuesta: Después de no retirarse cuando ganaba, siempre según sus palabras, 1500 euros, acabó perdiendo 500.
-¿Pero cuanto te jugaste para eso? -preguntó Fran.
-No sé, pero no quiero volver a pisar allí. Y mi viejo me ha recortado el caudal.
-No me extraña. Y aún tienes suerte de no haber pillado una ludopatía.
-Desde ahora nos vamos de copas que mola más.
-Sí, a veces te sangran igual, peo al menos disfrutas.




Y realizador de ninguna. Era un fanático del manga y el anime
Y del oeste americano
Y basaba su vida en tres preceptos
