¡Eso no puede pasar en el boxeo!
-¡Joder, cómo le ha metido el codo! -dijo Fran viendo a Mayweather cometer esa infracción en uno de sus combates.
-Y lo hace muy a menudo, yo no sé cómo los árbitros se lo permiten -agregó Juan.
-A ver si el boxeo, que siempre ha sido un deporte duro pero noble, va a empezar ahora a derivar a las mismas marrullerías que se ven en otras disciplinas.
Y es que preocupaba ver cosas como aquella. En el pugilismo, siempre se compitió lealmente, bien es cierto que midiendo de forma mucho más directa de lo normal las habilidades. Tras aquello siempre los boxeadores solían darse un abrazo, o incluso eran grandes amigos fuera del ring tal como demostraron Roberto Durán y Ray Sugar Leonard entre otros.

Ahora se veían una cantidad de agarrones y tretas bajunas impensable en otros tiempos. Al menos de momento el público las abucheaba, pero si eso se permitía, pronto este deporte perdería ese atractivo que daba la combinación del choque físico con el respeto a las normas. Debido a ellas este deporte provocba hasta hechizo en ciertas personas, y estaba degenerando cayendo en espectáculos muy lamentables.
-Además, eso lo hace un campeonísimo como Mayweather. No necesita eso, es muy bueno
-No sé dónde iremos a parar -dijo Fran.
Pero tras una pausa, oyó en aquel programa otra cosa aún peor: Antonio Margarito, un boxeador que encantaba a nuestro héroe, había sido acusado en los últimos años, sin que Fran lo supiese de untar sus vendad con "yeso francés". Es una mezcla que empapa la gasa y después se endurece, dando lugar a una especie de molde de yeso. Dado que Margarito destacaba entre otras cosas por su pegada, y que Fran le admiraba, era muy triste oír aquello.
-¡Ahora cre que ya sí que lo he visto todo! -dijo nuestro héroe.
-Pues espérate, que la marrullería humana siempre sorprende -dijo Juan.




Y realizador de ninguna. Era un fanático del manga y el anime
Y del oeste americano
Y basaba su vida en tres preceptos
